En esta tarde de julio y encerrada en una oficina de la capital, no puedo evitar acordarme de Alchemia: la casa transformada en un bar.Situado en el Kazimierz de Cracovia, este hogar donde antaño vivía una tradicional familia judía es hoy uno de los bares más frecuentados de la capital cultural de Polonia. Sus muebles son los mismos que decoraban la casa hace unos años; todos de madera, pero de distintos tamaños y formas. No hay una silla igual que la otra. No veréis ni una sola lámpara; la iluminación corre a cargo de velas y candelabros que aportan algo de luz a este espacio caótico y acogedor. Las paredes están decoradas con pinturas de familia, trazadas sobre lienzos desgastados. Al mirarlos, una no deja de pensar que puede que esos rostros correspondan a los de aquéllos que dormían, comían y cenaban en ese cuarto antes de que Hitler se cebara con ellos y su doctrina.
Lo curioso es que su aspecto hogareño no lo convierte en un bar tranquilo de domingo. Al contrario. La música indie de ritmos acelerados suena al volumen perfecto, el que despierta sin dejarte sordo. Los polacos que lo concurren son bohemios y rockeros parlanchines. Los más impuntuales no encuentran sitio y permanecen de pie colapsando la entrada. Los fumadores se refugian tras la puerta del que probablemente fuera el dormitorio parental, y los más sanos cuelgan sus pertenencias en los percheros del salón.
Para volver a la realidad tras sentirse como un judío en los años 20 no hay nada mejor que pedirse, ahí mismo, una cerveza nacional Zywiec acompañada de una brutal tarta de chocolate y cerezas...