miércoles, 18 de mayo de 2011

Viaje a la Spanish Revolution

Hoy no he tenido que recorrer grandes distancias para llegar al destino de mi viaje: la Puerta del Sol de Madrid. Sin embargo, ha sido el punto de llegada elegido por otros tantos jóvenes como yo, congregados para dar una salida a su frustración y su preocupación.

En realidad, mi asistencia tenía naturaleza diversa. Por un lado, la curiosidad periodística me ha pedido ver con mis propios ojos qué estaba pasando. Además, comparto con esos miles de chicos y chicas el miedo por un futuro laboral precario e insatisfactorio. Pero sobre todo, me ha movido la ilusión por ver que los españoles por fin reivindicamos mejoras todos juntos, en lugar de quejarnos individualmente desde el sofá de nuestras casas.

El movimiento Democracia Real Ya no está completamente definido, tiene que terminar de concretarse. Pero es admirable que haya logrado sacar a la gente a la calle, a gente de todas las edades que necesitaba dar una salida a su impotencia. Que tanta gente se haya adherido a esta protesta pública me parece el germen de algo, de un proceso nuevo en la sociedad de nuestro país, al que algunos llaman ya la 'Spanish Revolution', para relacionarlas de algún modo con las revueltas acontecidas en el Magreb.

Verlo, y formar parte de ello ha sido emocionante. Y su organización me ha hecho sentirme orgullosa de los jóvenes españoles. Los asistentes se han dividido en 'comisiones', encargadas de distintas tareas: unos atendían a la prensa, otros barrían el suelo y recogían la basura, otros daban de comer gratuitamente a los asistentes, otros disponían lonas en forma de carpa para cobijarse de la lluvia...

La heterogeneidad entre los miembros también me ha permitido refutar las afirmaciones de algunos que aseguran que los convocantes son antisistemas: había gente con rastas, ejecutivos vestidos con traje, chicos con camisa, mi amiga E. y yo recién llegadas del curro con bailarinas y bolsos de cuero... un colectivo de ideas divergentes pero objetivos comunes. Y es que, aunque no voy a ocultar que la mayoría fueran más 'dejaos' que pijos, los portavoces han aclaeado que no todos son de izquierdas, que no se asocian a ningún partido político, que sólo quieren que el sistema capitalista se modifique.

Quería estar partícipe en esta manifa, el inicio de lo que confío que derive en algo grande. Estoy super fière de los españoles y en concreto madrileños, que han logrado animar a miles de personas a unirse a la que se conoce como Spanish Revolution, extrapolada ya a Londres, Roma, Quito y Washington.

martes, 17 de mayo de 2011

NOMBRE: ANDRE GOMES, CARRERA: ECONÓMICAS, COLOR DE PIEL: BLANCO

¿Sabíais que en Sudáfrica, además del nombre, el curso y la carrera, en los exámenes los alumnos tienen que especificar cuál es el color de su piel?
Yo conocí esta realidad el domingo, mientras A. y yo conversábamos en Cracovia con Asia, una chica polaca, y Andre, un sudafricano de raíces portuguesas. Esta charla entre desconocidos, aderezada con enormes cervezas polacas que más tarde pasaron a ser chupitos de vodka, supuso para todos un gran intercambio cultural, cuyas conclusiones fueron de lo más paradójicas.

A lo largo de mi vida he hablado con muchas personas de orígenes y estilos de vida distintos al mío, pero esta vez fue peculiar; la combinación de un africano, una europea del este y dos europeos del sur resultó ser realmente enriquecedora. El ocio, la discriminación racial, la inmigración, la riqueza, el paro...fueron algunos de los temas sobre los que discutimos y gracias a los cuales surgieron datos tan desconcertantes como el que encabeza este texto: la obligación de indicar en los exámenes si el alumno que lo firma es blanco o negro.

Según nos contaba Andre, esta medida beneficia a los blancos, que suman el 15% de la población sudafricana, y perjudica al 85% restante. Parece que este privilegio también deja notarse en el terreno laboral, en el que las empresas prefieren la contratación de trabajadores cuyo color de piel sea blanca. Esto choca con la política del African National Congress (ANC), partido de Nelson Mandela que gobierna desde el 94 tomando como base unos principios contra-apartheid, que fomentan la discriminación positiva, y en definitiva contribuyen a acrecentar la división, ya existente, entre las dos razas mayoritarias de los ciudadanos de Sudáfrica.

Aunque todas estas actitudes sean lógicas dada la segregación racial que ha dominado el país hasta hace poco, son también desconcertantes, pues no dejamos de hablar de una nación que ha luchado por derrotar el racismo, y de una agrupación política gobernante desde la cual el mismo Mandela ha peleado "contra la discriminación de los negros y la discriminación de los blancos".